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octubre 31, 2017

La genialidad de Richard Bona



Nació en 1967 y creció en el seno de una familia en la que reinaba la música. A los 22 años deja África para vivir en Paris, para finalmente instalarse en New York en 1995 donde reside actualmente.

Desde que Joe Zawinul lo descubriera en 1992 mientras tocaba en un club de Paris, Bona ha trabajado con los más importantes músicos de la escena neoyorquina: Mike Stern, Chick Corea, Bobby McFerrin, Branford Marsalis, Pat Metheny, entre otros. Lo ha hecho abarcando una amplísima variedad de registros estilísticos, que van desde el jazz hasta el funk o el pop mostrando su talento tanto en sus presentaciones como solista, con la Jaco Pastorius Big Band o con otros artistas, y en una breve pero intensa discografía.

En 1997, se impuso rápidamente con Scenes from my life su primer álbum, considerado unánimemente como un trabajo exquisito que vendió más de 30.000 copias casi sin publicidad. Los siguientes discos, Munia (2003), African Tale (CD, DVD 2005), Tiki (2006) y The ten Shades of Blues (2009), su último trabajo próximo a editarse en Argentina, terminan de posicionarlo como un músico diferente en la amplia escena del jazz y lo revelan como un compositor refinado y con estilo propio.

Por supuesto, siendo de Camerún su herencia juega un rol importante en el lenguaje de Bona en su doble vertiente de compositor y músico.

Las letras de sus canciones, que interpreta en su lengua natal, el douala (aunque también acude al francés y el inglés) narran experiencias con una decidida connotación universal.


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Es Dios

"Esa lengua de fuego se abría despiadada, como urdiendo en el alma y buscando donde cabalgar. Resoplaba fuerte, escrutaba el ojo, mordía la mente y ondeaba su calor, como haciéndonos sentir que somos una miniatura, una milmilésima parte del universo. Esa lengua de fuego, creación al fin, es lo mismo que la hoja, que la piedra, que el agua, que el ave, que la hierba. Es Dios".

La compuerta de la vida

"A veces, casi inerme, entrebusco la fórmula de la vida, y encuentro una melodía que me exige respirar, profundo, restituyéndome la fe en el futuro. Sólo Dios abre la compuerta de la vida, y la música es el compás de espera a la perfección, el estadío más emocionante del ser humano".

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