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octubre 03, 2016

El poder y la técnica de Marcus Miller

 

Nacido en Nueva York, en 1959, el bajista Marcus Miller se educó en el seno de una gran familia musical, dado que su padre era organista en la iglesia y director del coro, circunstancia que le influyó mucho desde muy temprana edad, mostrando una precoz afinidad por todo tipo de músicas. Con 13 años tocaba con habilidad el clarinete, el piano y el bajo, y daba sus primeros pasos en la composición de música. Se inclinó por el bajo eléctrico y a los 15 años ya trabajaba de manera regular por los club de Nueva York en varios grupos.

Marcus Miller siempre será venerado por haber escrito y coproducido el mítico disco Tutu de Miles Davis, publicado en 1986. Entonces, Miller era un joven de 25 años con una inmensa proyección. Bajista, multinstrumentista y muy atento a las nuevas corrientes musicales, el de Brooklyn contribuyó notablemente a la carrera de Miles con sus ideas, pero su talento no se detuvo ahí. A lo largo de su trayectoria, Miller ha colaborado con Eric Clapton, Roberta Flack, Aretha Franklin, George Benson, Jay Z, Quincy Jones, Herbie Hancock... y ha ido alimentando su abundante discografía en solitario. Afrodeezia (2015, Blue Note), un trabajo que combina el jazz con sonoridades africanas, es su incursión más reciente en el estudio de grabación.

El ambiente neoyorkino le ha ayudado mucho en su carrera. Después de muchos años de trabajar como productor y músico de sesión, Miller publicó en 1993, su primer álbum a su nombre titulado: The Sun Don’t Lie con una regular acogida. Sin embargo al año siguiente se resarciría publicando Tales, un paisaje colorista de la evolución de la música negra. En 1997 publicó para GRP el directo Live And More un concierto extraordinario y en la entrada del tercer milenio, sacó a la luz su álbum M2. (JVC Japan, 2001).

Actualmente  trabaja en la organización Artist For Peace y en el Slave Route Project (ambas dentro de la Unesco), que tiene el objetivo de “recordar a los niños lo que fue la esclavitud, y lo que es hoy”.


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Es Dios

"Esa lengua de fuego se abría despiadada, como urdiendo en el alma y buscando donde cabalgar. Resoplaba fuerte, escrutaba el ojo, mordía la mente y ondeaba su calor, como haciéndonos sentir que somos una miniatura, una milmilésima parte del universo. Esa lengua de fuego, creación al fin, es lo mismo que la hoja, que la piedra, que el agua, que el ave, que la hierba. Es Dios".

La compuerta de la vida

"A veces, casi inerme, entrebusco la fórmula de la vida, y encuentro una melodía que me exige respirar, profundo, restituyéndome la fe en el futuro. Sólo Dios abre la compuerta de la vida, y la música es el compás de espera a la perfección, el estadío más emocionante del ser humano".

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