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enero 16, 2016

Partió Paul Bley, el pianista de los pianistas



Este mes de enero partió el reconocido pianista Paul Bley, quien murió de causas naturales el pasado día 3 en su residencia en Stuart, Florida. Tenía 83 años. Había nacido el 10 de noviembre de 1932, en Montreal, donde comenzó sus estudios musicales a la edad de 5 años. A los 13 años, formó el Buzzy Bley Band. A los 17 años, se hizo cargo de Oscar Peterson en el Salón Alberta. Charlie Parker lo invitó a tocar en el Montreal Jazz taller, del que fue cofundador. Hizo una película con Stan Kenton y luego se dirigió a Nueva York para asistir a Julliard School of Music.

Su carrera internacional abarcó siete décadas. Habñia tocado y grabado con Lester Young, Ben Webster, Sonny Rollins, Charles Mingus, Chet Baker, Jimmy Giuffre, Charlie Haden, Paul Motian, Lee Konitz, Pat Metheny, Jaco Pastorius y muchos otros. Se le considera un maestro del formato trío, pero como lo demuestran sus discos de solos de piano, Paul Bley era considerado un maestro.

Le sobreviven su esposa de 43 años, Carol Goss, sus hijas, Vanessa Bley y Angélica Palmer, sus nietos Félix y Zoletta Palmer. Después de estudiar música en su natal Montreal, Bley condujo su propio cuarteto en el Chalet Hotel desde 1.945-'48. Fue co-fundador del Taller de Jazz de Montreal, en el que, a los 15 años, tocó con Charlie Parker. En 1950, Bley se trasladó a Nueva York y estudió en la Juilliard School hasta 1954.

Su debut ocurrió en forma de trío en 1953, junto al baterista Art Blakey y el bajista Charles Mingus, del cual se produjo un álbum.



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Es Dios

"Esa lengua de fuego se abría despiadada, como urdiendo en el alma y buscando donde cabalgar. Resoplaba fuerte, escrutaba el ojo, mordía la mente y ondeaba su calor, como haciéndonos sentir que somos una miniatura, una milmilésima parte del universo. Esa lengua de fuego, creación al fin, es lo mismo que la hoja, que la piedra, que el agua, que el ave, que la hierba. Es Dios".

La compuerta de la vida

"A veces, casi inerme, entrebusco la fórmula de la vida, y encuentro una melodía que me exige respirar, profundo, restituyéndome la fe en el futuro. Sólo Dios abre la compuerta de la vida, y la música es el compás de espera a la perfección, el estadío más emocionante del ser humano".

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