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octubre 17, 2015

Gene Krupa: el genio de la batería


El espectacular gene Krupa en la banda de Benny Goodman

Gene Krupa (Eugene Bertrand Krupa) fue uno de los bateristas más influyentes de la época del swing. Muchos le consideran un "showman", pero su depurada técnica, su sentido del ritmo y del swing, así como su entusiasmo musical son innegables. 

Sus primeras asociaciones fueron con Eddie Condon, Bix Beiderbecke, Red Nichols y Coleman Hawkins, pero se dio a conocer internacionalmente en la big band, sexteto y cuarteto de Benny Goodman. Apareció en un gran número de películas (entre ellas "Una Eva y dos Adanes"  --Some Like It Hot). Fue también compositor y director de su propia orquesta, que creó después de reñir públicamente con Goodman. Con ella tuvo grandes éxitos destacando a la cantante Anita O´Day y al trompetista Roy Eldridge. Posteriormente tuvo una segunda orquesta, más grande, que incluía cuerdas. 

Parte del éxito de Krupa radicó en la innovación de la batería como instrumento solista, al que sacaba todo el partido percusivo que pudo. Partiendo del redoble en caja, llevado hacia una total depuración y virtuosismo, Krupa fue capaz de reinventar esta técnica percusiva en todas las partes de la batería, fundamentalmente en los tom tom aéreos y en el timbal base, hasta los años treinta absolutamente desconocida.

Además, fue relevante el papel que Krupa adjudicó al baterista tanto en la big band como en los grupos de tres o cuatro componentes. Fue, qué duda cabe, el inventor del solo en la batería, al menos como una parte más de la pieza interpretada. Era claro que si los otros instrumentistas improvisaban, él también lo hacía, con la diferencia de que, para el público, eran mucho más llamativas sus improvisaciones que las de otros solistas.

Falleció en Nueva York el 16 de octubre de 1973 de un infarto a los 64 años.



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"Esa lengua de fuego se abría despiadada, como urdiendo en el alma y buscando donde cabalgar. Resoplaba fuerte, escrutaba el ojo, mordía la mente y ondeaba su calor, como haciéndonos sentir que somos una miniatura, una milmilésima parte del universo. Esa lengua de fuego, creación al fin, es lo mismo que la hoja, que la piedra, que el agua, que el ave, que la hierba. Es Dios".

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"A veces, casi inerme, entrebusco la fórmula de la vida, y encuentro una melodía que me exige respirar, profundo, restituyéndome la fe en el futuro. Sólo Dios abre la compuerta de la vida, y la música es el compás de espera a la perfección, el estadío más emocionante del ser humano".

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