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abril 08, 2012

El sonido místico de Oregon


Oregon: Mark Walker, Paul McCandless, Glen Moore y Ralph Towner
 
Oregon es una de las bandas más añejas y estables del jazz. Está formada por Ralph Towner, en la guitarra y el piano; Paul McCandless, en el oboe y los reeds; el bajo Glen Moore y Mark Walker en la batería. Durante tres décadas Oregon ha llenado teatros tan importantes como el Carnegie Hall, el Lincoln Center, el Berlín Philarmonic Hall o el Vienna Mozartsaal, e importantes clubes internacionales de jazz y festivales como el de Montreal, Berlín, Newport, etc. Sus giras han sido alrededor de casi todo el mundo: Estados Unidos, México, Suramérica, Este y Oeste de Europa, India, Pakistán, Nepal, Sri Lanka, Bangladesh y Australia. 

El origen de Oregon tiene lugar en la huella que dejó Paul Winter cuando en su grupo, Paul Winter Consort, participaran Towne, Glen Moore y Collin Walcott, éste último fallecido en un accidente de tránsito y quien dejó una profunda huella en la agrupación. Tras la experiencia con Winter, surgió el estilo inconfundible de Oregon, con una curiosa síntesis de los instrumentos clásicos europeos, la armonía del jazz y las influencias de la música alrededor de todo el mundo. En 1971 la banda hizo su debut en Nueva York, llamándose a ellos mismos Thyme – Music of Another Present Era, frase que eligieron al responderse a la pregunta “¿Qué clase de música tocan?". Más tarde, Paul McCandless propuso el nombre de Oregon, recordando la nostalgia que sus compañeros Towner y Moore sentían por su tierra. 

Lo que van a escuchar se titula Witchi-Tai-To (original del saxofonista Jim Pepper), un tema de carácter místico, incluido por primera vez en el álbum Winter Light (1974), pero relanzado en álbumes posteriores como Out of the Woods (1978), Beyond Words (1995) y Live at Yoshi's (2002).


Blog creado por Hugo Santaromita, comentarista y escritor venezolano de jazz.

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Es Dios

"Esa lengua de fuego se abría despiadada, como urdiendo en el alma y buscando donde cabalgar. Resoplaba fuerte, escrutaba el ojo, mordía la mente y ondeaba su calor, como haciéndonos sentir que somos una miniatura, una milmilésima parte del universo. Esa lengua de fuego, creación al fin, es lo mismo que la hoja, que la piedra, que el agua, que el ave, que la hierba. Es Dios".

La compuerta de la vida

"A veces, casi inerme, entrebusco la fórmula de la vida, y encuentro una melodía que me exige respirar, profundo, restituyéndome la fe en el futuro. Sólo Dios abre la compuerta de la vida, y la música es el compás de espera a la perfección, el estadío más emocionante del ser humano".

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