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febrero 25, 2012

Bill Evans, el emblema del piano



Desde el punto de vista de la técnica pura, Bill Evans, sea posiblemente uno de los dos o tres pianistas mas dotados en la historia del jazz. Su influencia se puede percibir en numerosos pianistas como Brad Mehldau, Chick Corea, Keith Jarrett y Herbie Hancock.

Su carrera comenzó en 1954, una vez cumplido el servicio militar en orquestas de baile como las de Herbie Fields y Jerry Wald, acompañando a oscuros cantantes o formando parte de la banda de Tony Scott. 

Su paso por el sexteto de Miles Davis, es decisivo. Al escucharlo en el grupo de Mingus, Miles quedó tan impresionado que lo contrató a sabiendas del fruto que podía sacar de aquel pianista después de la disolución de su insuperable quinteto de mediados de los cincuenta. Así nació en marzo de 1959 el extraordinario álbum Kind of Blue un disco que se ha convertido sin ningún genero de duda en uno de los clásicos de todas la historia del jazz.

Tras grabar con Verve en 1962, Evans fue animado por el productor Creed Taylor a continuar grabando en los más variados formatos: con la big band de Gary McFarland, con una orquesta con arreglos de Claus Ogerman, con Stan Getz, etc. En 1975 y 1976 grabó un par de discos a dúo con Tony Bennett, por los que ganó un Grammy. El experimento más destacable fue Conversations With Myself, una sesión en la que Evans tocó un segundo y un tercer piano sobre el primero. Su única concesión al emergente jazz-rock fue tocar eventualmente el piano eléctrico Fender Rhodes durante la década de 1970. Luego, su carrera está vinculada a numerosos tríos. Tras pasar por Verve, Evans grabaría para Columbia (1971-1972), Fantasy (1973-1977) y Warner Bros (1977-1980). Su último trío con Marc Johnson y Joe La Barbera ha sido considerado el mejor desde el que formó con Scott La Faro y Paul Motian.



Blog creado por Hugo Santaromita, comentarista y escritor venezolano de jazz.

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"Esa lengua de fuego se abría despiadada, como urdiendo en el alma y buscando donde cabalgar. Resoplaba fuerte, escrutaba el ojo, mordía la mente y ondeaba su calor, como haciéndonos sentir que somos una miniatura, una milmilésima parte del universo. Esa lengua de fuego, creación al fin, es lo mismo que la hoja, que la piedra, que el agua, que el ave, que la hierba. Es Dios".

La compuerta de la vida

"A veces, casi inerme, entrebusco la fórmula de la vida, y encuentro una melodía que me exige respirar, profundo, restituyéndome la fe en el futuro. Sólo Dios abre la compuerta de la vida, y la música es el compás de espera a la perfección, el estadío más emocionante del ser humano".

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