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junio 09, 2010

Michel Petrucciani: el pequeño gigante del jazz


Michel Petrucciani fue un pianista de jazz francés. Nació en Orange (Francia), el 28 de diciembre de 1962 y falleció en Nueva York el 6 de enero de 1999.

Aquejado de osteogénesis imperfecta, pudo superar su discapacidad hasta convertirse en un artista de talento y renombre internacional, entre los mejores pianistas de jazz del mundo.

Petrucciani, quien apenas llegaba al metro de altura, se consagró desde la infancia de manera casi exclusiva al estudio del piano y acabó por convertirse en uno de los músicos de jazz europeo de mayor renombre de todos los tiempos. Dotado de un virtuosismo extremo, su estilo intimista y romántico, que partía de la escuela de Bill Evans -del que era un ferviente admirador-, combinaba con inteligencia el lirismo y la sutileza con un ataque poderoso y percusivo.

La manera de tocar de Petrucciani se caracterizaba por el ritmo, el sonido que imprime al piano, y una excepcional independencia polirrítmica de las manos derecha e izquierda. También compositor, tenía preferencia por la música brasileña, siempre presente en sus discos.

Reposa en el cementerio del Père Lachaise, en París, junto a la tumba de Chopin. Desde julio del 2003, existe en París una plaza Michel-Petrucciani.

Vamos a escucharlo con el tema Caravan, en una versión donde exhibe una precisión asombrosa en su arrolladora manera de improvisar sin salirse de la estructura melódica. Petrucciani fue un genio que apenas vivió 36 años, suficientes para dejar un legado musical extraordinario.

 

Blog creado por Hugo Santaromita, comentarista y escritor venezolano de jazz.

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Es Dios

"Esa lengua de fuego se abría despiadada, como urdiendo en el alma y buscando donde cabalgar. Resoplaba fuerte, escrutaba el ojo, mordía la mente y ondeaba su calor, como haciéndonos sentir que somos una miniatura, una milmilésima parte del universo. Esa lengua de fuego, creación al fin, es lo mismo que la hoja, que la piedra, que el agua, que el ave, que la hierba. Es Dios".

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"A veces, casi inerme, entrebusco la fórmula de la vida, y encuentro una melodía que me exige respirar, profundo, restituyéndome la fe en el futuro. Sólo Dios abre la compuerta de la vida, y la música es el compás de espera a la perfección, el estadío más emocionante del ser humano".

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