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febrero 15, 2010

Jan Garbarek: un auténtico paisaje sonoro

Hugo Santaromita 
Publicado en la revista venezolana La Dosis *

El saxo suntuoso de este misterioso noruego nos obliga a reinterpretar las formas estéticas y a repensar nuestra relación con la música, para entender un sonido transparente, caracterizado por la respiración continua y la naturalidad sin compromiso.

El sonido de Jan Garbarek es una especie de isla de quietud en medio de la vorágine del mundo moderno e industrializado, casi como un pecado de la naturaleza por lo raro de su esencia. El saxo suntuoso de este misterioso noruego nos obliga a reinterpretar las formas estéticas y a repensar nuestra relación con la música. Su tono es extremadamente austero, manteniendo su distancia, sustrayéndose al atractivo de caer en la suavidad de lo excesivamente melodioso. Sus melodías están destiladas y purificadas de todo lo externo y sus canciones parecen estar movidas por su creencia utópica en la nota perfecta, la respiración continua y la belleza de la naturalidad sin compromiso. Sus paisajes sonoros son sencillos y convincentes, aunque al mismo tiempo son inmensamente complejos.

Garbarek representa un nuevo reto para nuestros oídos, para la purificación de nuestros gustos, con un estilo que desafía la arquitectura musical. Este particular músico se inspiró inicialmente en el saxofonista alto Johnny Hodges, hasta que llegaron más adelante, Miles Davis y John Coltrane, sus verdaderos maestros y quienes ejercieron en él su mayor influencia estilística. No obstante, también hubo otros músicos comprometidos con la libertad interpretativa que dejaron huella en este notable músico noruego, como Pharoah Sanders, Archie Shepp, Dexter Gordon y Johnny Griffin.

Pero la gran revelación la tuvo con John Coltrane y su obra A Love Supreme, a partir de la cual se expandió hacia otros espacios musicales concentrando su mirada en músicos como Ravi Shankar. Y es que, jazzísticamente hablando, los 60’s fueron una época dorada para Escandinavia, y el saxofonista noruego aprovechó la oportunidad de ver durante esos años a grandes nombres como Dexter Gordon o Ben Webster.

Igualmente, Garbarek experimentó con el free jazz de la mano de Don Cherry y Ornette Coleman, pioneros ambos del free jazz y gurúes del world music. Cherry animó a Garbarek a explorar el potencial del folklore escandinavo para llevarlo a la improvisación, camino que abrió con el álbum Triptykon (1972). Otro hecho de su carrera fue la colaboración con el pianista Keith Jarrett, con el que grabó My Song (1977), un referente para varias generaciones de músicos. Su mayor éxito ha sido I Took Up The Runes (1990), compuesto por Manu Katché a la batería, Eberhard Weber al contrabajo y Rainer Brüninghaus al piano, su banda actual.

A los 21 años fue seleccionado como el jazzista del año por la Federación Noruega de Jazz y, un año después, grabaría de la mano de su maestro en el cromatismo tonal, George Russell, quien lo reunió en un cuarteto (Rypdal, Andersen y Christensen) para editar Esoteric Circle (Freedom, 1969), trabajo que se eleva a partir de Coltrane, Rollins, Barbieri y Shepp, entre otros. Poco antes, a los 18 años, con el propio Russell, grabó la Otello Ballet Suite.

Pero el álbum Officium (1993) significó un capítulo importante en su labor musical, pues fue grabado en el monasterio austríaco de San Gerold en septiembre del 93 con la formación del Hilliard Ensemble, de David James (contratenor), Rogers Covey-Crump (tenor), Steven Harrold (tenor) y John Potter (barítono). El sello ECM publicó el álbum en 1994, alcanzando enseguida importantes puestos en las listas de ventas y popularidad. El Hilliard Ensemble es un cuarteto vocal británico dedicado a la interpretación de música antigua, dirigido por Paul Hillier. Fundado en 1974, el nombre del grupo es un homenaje al pintor miniaturista inglés Nicholas Hilliard (1547-1619). Aunque la mayor parte de sus trabajos se centran en la música medieval y renacentista, el Ensamble Hilliard también ha interpretado música contemporánea, trabajando a menudo con el compositor estonio Arvo Pärt, e incluyendo en sus conciertos obras de John Cage, Gavin Bryars, Giya Kancheli y Heinz Holliger. Hilliard y Garbarek continuaron la secuela se Officium con otro álbum doble titulado Mnemosyne, editado en 1999.

Ambos trabajos discográficos fueron editados por ECM, el sello que dirige Manfred Eicher, que desde hace más de tres décadas marca un camino innovador dentro de las nuevas músicas y el jazz europeo. Uno de sus exponentes más sobresalientes es precisamente Garbarek, cuyos trabajos, desde hace más de 30 años, no sólo se fortalecen con la participación de artistas como Trilok Gurtu, Keith Jarrett o Charlie Haden, sino que, además, muestran una capacidad impresionante para crear nuevos sonidos del saxofón y lo que se conoce hoy como el sonido ECM. Con Jarrett formó a mediados de los 70’s uno de los cuartetos más sobresalientes en la historia del jazz

Garbarek ha demostrado un gran talento para abarcar los más diversos estilos y experiencias recogidos por todo el mundo, desde muy diferentes situaciones y condiciones sociales, y para incorporarlos a sus composiciones. El resultado no es World Music, ni fusión, sino sonido exclusivo de Garbarek, caracterizado por la respiración continua y la belleza de la naturalidad sin compromiso.

Algunos críticos lo ubican dentro del jazz post-free estilizado "a la europea". Sin embargo, su trabajo trasciende el circuito meramente jazzístico como lo muestran sus producciones vinculadas a la música de tradición hindú, la música de cámara contemporánea y la música sacra renacentista. Algunas de sus piezas han sido utilizadas para formar parte de bandas sonoras cinematográficas, como, por ejemplo, Rites (del álbum Rites, 1998) que fue adaptada para The Insider, película de Michael Mann.

Durante su largo trajinar, Garbarek también se ha insertado en la llamada “Escuela Europea del Jazz”, impulsada por músicos escandinavos de la talla de Palle Danielsson, Edward Vesala y Bobo Stensson, quienes han desarrollado un lenguaje jazzístico propio, con el estilo transparente del neoclasicismo académico. Como parte de este movimiento, Jan trabajó con Jarrett, Cherry y Chick Corea, pero más tarde explotó la palidez conceptual, influenciado por Dave Grusin (y su sello GRP), una rara etapa de “jazz fácil”, con la colaboración de músicos tan dispares como Manú Katché, Agnes Buen Garnás, Nana Vasconcelos, Trilok Gurtu y Mari Boine, de la cual salieron álbumes como Rosensfole (1988), All Those Born With Kings (1986) y Twelve Moons (1992), claves en el desarrollo de este músico, quien hoy ya cuenta con 53 años. No se pueden ignorar sus obras como solista Sart (1971), I Took up the Runes (1990), Rites (1998), In Praise of Dreams (2003), y el reciente y muy acabado, Dresden In Concert (2007), un CD doble convertido en un perfecto catálogo de su obra en estos últimos años, trasladada al escenario en formato de cuarteto, del cual podemos destacar el muy inspirador tema Brother Wind March.

Podemos asegurar, sin temor a equivocarnos, que Jan Garbarek es un músico que trasciende su propia circunstancia y se ha convertido en un nuevo paradigma para los cultores de la música en todo el sentido estético de la palabra.

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Blog creado por Hugo Santaromita, comentarista y escritor venezolano de jazz.

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