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noviembre 27, 2009

Falleció el impulsor del jazz en Venezuela


Hugo Santaromita

Se nos fue Jacques Braunstein, el mentor del jazz en Venezuela. Por varios años tuve la oportunidad de compartir con él por doble motivo: por publicistas y por amantes del jazz. Recuerdo la ocasión en la que nos citamos para almorzar en restaurant El Barquero, cuando yo trabajaba en la revista Publicidad & Mercadeo, y él siempre en su agencia de publicidad. Estábamos en El Bosque, Caracas, muy cerca uno del otro, de manera que minutos después llegó a buscarme junto al entonces diputado William Dávila, y los tres compartimos un delicioso momento.

Aquel almuerzo, inolvidable, fue un derroche de buen gusto: mucha gastronomía y, por supuesto, mucho jazz. Hablamos de cocina y de Monk, de carnes y de Miles, de ensaladas y de Coltrane. Discutimos sobre la sonoridad de Kind of Blue o la poesía de A Love Supreme, pero también de política, petróleo y publicidad. Braunstein se mostró una vez más como un excelente anfitrión, como lo fue cada vez que hablaba por radio en su cincuentenario espacio "El Idioma del Jazz", como lo fue cuando trajo a Caracas a Louis Armstrong (en la foto con Jacques), John LaPorta o Paquito D'Rivera, su amigo del alma, o como cuando nos deleitaba con sus cuentos de sibarita en el Juan Sebastian Bar o en su oficina publicitaria.

Jacques confió en mí hasta el punto de proponerme, hace ya muchos años, la vicepresidencia de su agencia publicitaria, una responsabilidad que no acepté, por considerar que no estaba preparado para ello -sospecho que hasta por miedo- y que, por tanto, decliné. En el fondo me sentía muy a gusto como cronista de la industria publicitaria, un rol en el que me llegué a cotizar muy bien. Durante un año no supe si Jacques se había molestado conmigo, hasta el punto de que no quise llamarlo durante ese lapso. Pero una vez que nos reencontramos, le pregunté al respecto, y me dijo que él jamás se habría molestado conmigo y que no entendió porqué no lo llamé para hablarle directamente.

Así era de sincero y noble este hombre nacido en la lejana Bucarest, Rumania, que estuvo de paso por Brasil, como alto ejecutivo de una línea aérea, hasta que recaló en Caracas para quedarse para siempre.

Fue en Venezuela donde Jacques pudo desarrollar toda su inquietud por el jazz. Ya, para su llegada a Caracas, despuntaba como un hombre de alta preparación intelectual, que llegó a hablar hasta siete idiomas, y tuvo bajo su égida a los artistas y las producciones de jazz más importantes de nuestro país. Su programa de radio fue el más emblemático del género en Venezuela. Yo mismo quise imitar sus ademanes radiales, cuando hice mis programas jazzísticos, porque él era el maestro que todos admirábamos y queríamos copiar. “Paz y Jazz” fue la frase simbólica con la que cerró las emisiones de su programa, transmitido en tres emisoras distintas semanalmente. Lo teníamos en casi todo el espectro radial, para goce de los amantes del jazz.

Hubo muchos otros encuentros y muchas otras entrevistas. Una vez, en 1989, le dediqué la última página del diario El Globo, en un artículo que titulé: "Un hombre llamado Jazz" y, más recientemente, hicimos dos sesiones de entrevistas en su oficina de La Campiña, en ocasión del libro sobre jazz que escribo y aún no termino. Otro momento inolvidable fue, hace dos años, en una reunión que él programó, junto Federico Pacanins y Roberto Obeso, en el Juan Sebastián Bar, en ocasión de un homenaje al maestro Aldemaro Romero, tras un año de la muerte del creador de la Onda Nueva (En la foto anexa: Hugo Santaromita, Jacques Brauntein, Marcia Piña, Judy Buendía y Federico Pacanins).

En una entrevista concedida a la revista Sala de Espera, comentó: “El otro recuerdo es con Thelonious, a quien en una entrevista le pregunté si su tema “Bolívar Blues” fue compuesto como alguna especie de homenaje a nuestro Libertador. Me causó mucha gracia, cuando con su voz ronca, me contestó: ‘¿Cómo dijiste que se llamaba la canción?… Ese tema está inspirado en un hotel en el que siempre nos hospedamos en NY’. Thelonious no tenía ni idea de quién era Bolívar. Estuve riendo por horas”.

Braunstein tuvo la inteligencia de saber mezclar sus raíces judías con la cultura del venezolano. La escritora Jacqueline Goldberg escribió en una biografía sobre él:  "Sensible, erudito, virtuoso de la palabra, este reconocido maestro de las ondas hertzianas ha sembrado entre músicos y oyentes comunes una pasión que no tiene ya vuelta atrás. El jazz y sus caleidoscópicos matices se muestran en tres emisoras, semana a semana, de la mano de quien ha hecho del jazz una forma de respirar, un recuerdo, una esperanza, una manera de atisbar el mundo".

Goldberg también escribió lo siguiente: "En estos rítmicos 47 años, Braunstein se ha codeado con las luminarias del pentagrama jazzístico mundial. Él mismo, como empresario del espectáculo, ha brindado a los venezolanos la dicha de escuchar en vivo a más de 300 de esos músicos, entre ellos Tito Puente, Chick Corea, Bill Evans, la Orquesta de Woody Herman, el guitarrista Charlie Byrd". La erudición de Braunstein está cargada de una impresionante vitalidad, de ahí su incomparable capacidad de explicar la música desde el alma: "El jazz ha cambiado desde 1955 y sigue cambiando cada día, porque el jazz es la música del intérprete y la improvisación. Yo he tenido el conocimiento prácticamente desde los inicios del jazz. Tuve la dicha de conocer personalmente a Louis Armstrong, Duke Ellington y Count Basie. Después de la Segunda Guerra Mundial se inició una revolución en el jazz con el advenimiento del bebop, creado por Charlie Parker y Dizzy Gillespie. A ese último lo traje yo a Venezuela junto a Paquito D'Rivera".

No hay dudas de que el jazz en Venezuela estará ligado por siempre a Jacques Braunstein, un hombre que se dio la libertad de soñar y de cumplir sus sueños. Una licencia que pocos se dan con la clase y la prestancia con la que este hombre, impulsor de las artes musicales, transitó su vida.

Luego de una operación en el corazón, Jacques se marchó. Su amistad fue un placer que jamás podré olvidar. Paz y Jazz.

Blog creado por Hugo Santaromita, comentarista y escritor venezolano de jazz.

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"Esa lengua de fuego se abría despiadada, como urdiendo en el alma y buscando donde cabalgar. Resoplaba fuerte, escrutaba el ojo, mordía la mente y ondeaba su calor, como haciéndonos sentir que somos una miniatura, una milmilésima parte del universo. Esa lengua de fuego, creación al fin, es lo mismo que la hoja, que la piedra, que el agua, que el ave, que la hierba. Es Dios".

La compuerta de la vida

"A veces, casi inerme, entrebusco la fórmula de la vida, y encuentro una melodía que me exige respirar, profundo, restituyéndome la fe en el futuro. Sólo Dios abre la compuerta de la vida, y la música es el compás de espera a la perfección, el estadío más emocionante del ser humano".

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