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noviembre 27, 2009

Falleció el impulsor del jazz en Venezuela


Hugo Santaromita

Se nos fue Jacques Braunstein, el mentor del jazz en Venezuela. Por varios años tuve la oportunidad de compartir con él por doble motivo: por publicistas y por amantes del jazz. Recuerdo la ocasión en la que nos citamos para almorzar en restaurant El Barquero, cuando yo trabajaba en la revista Publicidad & Mercadeo, y él siempre en su agencia de publicidad. Estábamos en El Bosque, Caracas, muy cerca uno del otro, de manera que minutos después llegó a buscarme junto al entonces diputado William Dávila, y los tres compartimos un delicioso momento.

Aquel almuerzo, inolvidable, fue un derroche de buen gusto: mucha gastronomía y, por supuesto, mucho jazz. Hablamos de cocina y de Monk, de carnes y de Miles, de ensaladas y de Coltrane. Discutimos sobre la sonoridad de Kind of Blue o la poesía de A Love Supreme, pero también de política, petróleo y publicidad. Braunstein se mostró una vez más como un excelente anfitrión, como lo fue cada vez que hablaba por radio en su cincuentenario espacio "El Idioma del Jazz", como lo fue cuando trajo a Caracas a Louis Armstrong (en la foto con Jacques), John LaPorta o Paquito D'Rivera, su amigo del alma, o como cuando nos deleitaba con sus cuentos de sibarita en el Juan Sebastian Bar o en su oficina publicitaria.

Jacques confió en mí hasta el punto de proponerme, hace ya muchos años, la vicepresidencia de su agencia publicitaria, una responsabilidad que no acepté, por considerar que no estaba preparado para ello -sospecho que hasta por miedo- y que, por tanto, decliné. En el fondo me sentía muy a gusto como cronista de la industria publicitaria, un rol en el que me llegué a cotizar muy bien. Durante un año no supe si Jacques se había molestado conmigo, hasta el punto de que no quise llamarlo durante ese lapso. Pero una vez que nos reencontramos, le pregunté al respecto, y me dijo que él jamás se habría molestado conmigo y que no entendió porqué no lo llamé para hablarle directamente.

Así era de sincero y noble este hombre nacido en la lejana Bucarest, Rumania, que estuvo de paso por Brasil, como alto ejecutivo de una línea aérea, hasta que recaló en Caracas para quedarse para siempre.

Fue en Venezuela donde Jacques pudo desarrollar toda su inquietud por el jazz. Ya, para su llegada a Caracas, despuntaba como un hombre de alta preparación intelectual, que llegó a hablar hasta siete idiomas, y tuvo bajo su égida a los artistas y las producciones de jazz más importantes de nuestro país. Su programa de radio fue el más emblemático del género en Venezuela. Yo mismo quise imitar sus ademanes radiales, cuando hice mis programas jazzísticos, porque él era el maestro que todos admirábamos y queríamos copiar. “Paz y Jazz” fue la frase simbólica con la que cerró las emisiones de su programa, transmitido en tres emisoras distintas semanalmente. Lo teníamos en casi todo el espectro radial, para goce de los amantes del jazz.

Hubo muchos otros encuentros y muchas otras entrevistas. Una vez, en 1989, le dediqué la última página del diario El Globo, en un artículo que titulé: "Un hombre llamado Jazz" y, más recientemente, hicimos dos sesiones de entrevistas en su oficina de La Campiña, en ocasión del libro sobre jazz que escribo y aún no termino. Otro momento inolvidable fue, hace dos años, en una reunión que él programó, junto Federico Pacanins y Roberto Obeso, en el Juan Sebastián Bar, en ocasión de un homenaje al maestro Aldemaro Romero, tras un año de la muerte del creador de la Onda Nueva (En la foto anexa: Hugo Santaromita, Jacques Brauntein, Marcia Piña, Judy Buendía y Federico Pacanins).

En una entrevista concedida a la revista Sala de Espera, comentó: “El otro recuerdo es con Thelonious, a quien en una entrevista le pregunté si su tema “Bolívar Blues” fue compuesto como alguna especie de homenaje a nuestro Libertador. Me causó mucha gracia, cuando con su voz ronca, me contestó: ‘¿Cómo dijiste que se llamaba la canción?… Ese tema está inspirado en un hotel en el que siempre nos hospedamos en NY’. Thelonious no tenía ni idea de quién era Bolívar. Estuve riendo por horas”.

Braunstein tuvo la inteligencia de saber mezclar sus raíces judías con la cultura del venezolano. La escritora Jacqueline Goldberg escribió en una biografía sobre él:  "Sensible, erudito, virtuoso de la palabra, este reconocido maestro de las ondas hertzianas ha sembrado entre músicos y oyentes comunes una pasión que no tiene ya vuelta atrás. El jazz y sus caleidoscópicos matices se muestran en tres emisoras, semana a semana, de la mano de quien ha hecho del jazz una forma de respirar, un recuerdo, una esperanza, una manera de atisbar el mundo".

Goldberg también escribió lo siguiente: "En estos rítmicos 47 años, Braunstein se ha codeado con las luminarias del pentagrama jazzístico mundial. Él mismo, como empresario del espectáculo, ha brindado a los venezolanos la dicha de escuchar en vivo a más de 300 de esos músicos, entre ellos Tito Puente, Chick Corea, Bill Evans, la Orquesta de Woody Herman, el guitarrista Charlie Byrd". La erudición de Braunstein está cargada de una impresionante vitalidad, de ahí su incomparable capacidad de explicar la música desde el alma: "El jazz ha cambiado desde 1955 y sigue cambiando cada día, porque el jazz es la música del intérprete y la improvisación. Yo he tenido el conocimiento prácticamente desde los inicios del jazz. Tuve la dicha de conocer personalmente a Louis Armstrong, Duke Ellington y Count Basie. Después de la Segunda Guerra Mundial se inició una revolución en el jazz con el advenimiento del bebop, creado por Charlie Parker y Dizzy Gillespie. A ese último lo traje yo a Venezuela junto a Paquito D'Rivera".

No hay dudas de que el jazz en Venezuela estará ligado por siempre a Jacques Braunstein, un hombre que se dio la libertad de soñar y de cumplir sus sueños. Una licencia que pocos se dan con la clase y la prestancia con la que este hombre, impulsor de las artes musicales, transitó su vida.

Luego de una operación en el corazón, Jacques se marchó. Su amistad fue un placer que jamás podré olvidar. Paz y Jazz.

Blog creado por Hugo Santaromita, comentarista y escritor venezolano de jazz.

Recordando el histórico 'Kind of Blue'

El 50º aniversario de Kind of Blue, de Miles Davis, es un acontecimiento histórico. Legacy Recordings lanzó una edición para coleccionistas el pasadp 30 de septiembre para celebrar este lanzamiento tan importante en la historia del jazz. Echen un vistazo a esta pieza y vean porqué esto es tan importante, si es que no lo saben ya, amigos jazzistas.


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noviembre 26, 2009

Jean Luc Ponty, un sonido mágico

Rescatamos este video del violinista francés Jean Luc Ponty, con el tema Point Of No Return, una joya musical, en el Jazzfestival Viersen. Ponty fue pionero en la combinación del violín con MIDI, cajas de distorsión, pedales wah-wah, entre otros, lo que le permite obtener un sonido parecido a un sintetizador.
Entre mediados y fines del 2004 se reunió con la formación de The Rite of Strings, con los que realizó una gira por Estados Unidos y Canadá. En los años posteriores se han reunido de forma esporádica. En 2005, formó el supergrupo de jazz fusion Trio! con Stanley Clarke y Béla Fleck. Entre sus discos más destacados están Imaginary Voyage (1976), Aurora (1976), Cosmic Messenger (1978), Mystical Adventures (1982), Individual Choice (1983), Open Mind (1984), Fables (1985), The Gift of Time (1987) y Storytelling (1989).

En 2007 lanzó The Atacama Experience. Entre ese año y 2009 ha estado de gira por todo el mundo presentando su nueva producción.


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noviembre 25, 2009

Eliane Elias: I'm Not Alone (con Ivan Lins)


Recientemente, Eliane Elias estuvo en España, donde participó en varios festivales de jazz, conquistando al público. La carrera musical de esta hermosa y talentosa pianista y cantante brasileña, nacida en Sao Paulo, consiguió un avance importante cuando fue invitada a unirse al grupo Steps Ahead, formado por Michael Brecker, Peter Erskine, Mike Manieri y Eddie Gómez. Grabó un disco el grupo, Steps Ahead, en 1983. Tras abandonar el conjunto, empezó a colaborar con el trompeta Randy Brecker con quien se casaría más tarde y grabaría un disco a dúo con él.

Su siguiente paso profesional fue el de convertirse ella misma en líder de sus grupos con los que ha realizado varias giras, contando con músicos como Jack DeJohnette y Gómez, en su primer trío, y Erskine y Marc Johnson en el segundo. Su tercer trío contó con Marc Johnson al bajo y Satoshi Takeshi a la batería.

Su disco de 1995 Solos and Duets lo realizó con Herbie Hancock. Aunque muchas de sus grabaciones han sido solo instrumentales, Elias ha incorporado también su voz en discos como Eliane Elias Plays Jobim de 1989. Trabaja también periódicamente con el Toots Thielman's Brasil Project y como directora musical del grupo de Gilberto Gil.

Escúchenla con este bello tema titulado I'm Not Alone, junto al pianista y cantante, también brasileño, Ivan Lins.



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noviembre 24, 2009

Blick Bassy: el poeta del Camerún


Blick Bassy, joven autor, compositor e intérprete camerunés, se inicia tocando con la agrupación Macase durante diez años con la que graba los discos Etam en 1999 y Doulou en el 2003, obteniendo varios premios internacionales. Luego es finalista del importante Concurso Descubrimientos Radio France International 2007.

Este excelente músico simboliza el resurgimiento de una nueva era de música africana contemporánea. Se presenta constantemente en las mejores salas de París: La Scene Bastille, Le Sentier les Halles, Le Canal Opus y Le Baiser Sale, el club de jazz legendario de la capital francesa.

En el 2007 graba su primer disco como solista, el cual incluye 12 canciones marcadas por diversas influencias que fusionan las raíces africanas del cantante con el soul, el jazz y el R&B, dando como resultado un sonido original, refinado y encantador. El disco de Blick Bassy constituye un reflejo de sus viajes y de sus encuentros: melodías nomadas que salen del África para recorrer el mudno durante un período de 16 años.

Disfruten su estilo con el tema Donalina.


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noviembre 23, 2009

De la Mar Jazz Festival 2009, Margarita, Venezuela, el 26/11/09


Una nueva edición de De la Mar Jazz Festival tendrá lugar en Chana Hoteles El Cardón, en la Isla de Margarita, Venezuela, a partir del jueves 26 de noviembre, fecha en la cual se presentará Freddy Bozo y su Jazz Trio, integrado por Freddy Bozzo, piano y líder, Gerardo “El Gato” Gallardo y Argenis Camargo. Este trío combina el jazz clásico con el ritmo caribeño exponiendo un show de alta factura.

El viernes 27, en Casa Caranta Restaurant, en Pampatar, se presentará el Caracas Jazz Ensamble, un quinteto formado por Eric y Gerardo Chacón, Nene Quintero, Cheché Requena y Antonio Mazzei, quienes han preparado un performance muy especial para presentarse en esta edición del De La Mar Jazz Festival. La categoría y el nivel de estos integrantes de la movida acústica de Caracas, garantizan un espectáculo excelente.

El sábado 28, nuevamente en Chana Hoteles, Puerto Fermín, tendrá lugar la presentación de Eddie Palmieri (en la foto) y su octeto de jazz. Directamente desde Nueva York, el nueve veces ganador del premio Grammy llega por primera vez a Margarita. Invitado permanente en los festivales de jazz del mundo, Palmieri hará en la Isla de Margarita su última parada internacional luego de un año de mucha actividad. Con 50 años de trayectoria, Palmieri es garantía de calidad incomparable. Suma además del Grammy muchísimos reconocimientos por su valía artística.

Otra atracción de primera línea es el Michel Camilo Jazz Trio, liderado por uno de los mejores pianistas del mundo, Michel Camilo, ganador también del Grammy. Dominicano de nacimiento y radicado en Nueva York desde hace años, Camilo ha acumulado diversos reconocimientos en vasta carrera artistas. También es un invitado de honor en los principales encuentros jazzísticos del mundo. Llega a Isla de Margarita por primera vez en una presentación que ha generado gran expectativa.

También se presentará la agrupación Mala Junta, una propuesta de jazz fusión, integrada por seis músicos de gran nivel: el guitarrista Roldan Peña, Giovanni Ramírez, Eiter González, Rodolfo Reyes, Leonel Ruiz y Gerardo López.

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Putumayo presenta 'Jazz Alrededor del Mundo'


El fascinante viaje realizado por el jazz a través de todo el orbe es una de las historias más notables de la música. La más reciente producción de Putumayo Records, Jazz Around the World destaca la poderosa influencia del jazz en los músicos de todo el mundo. Presenta tanto a artistas bien establecidos como a artistas emergentes mediante la entrega de extraordinarias versiones e interpretaciones originales. Esta colección incorpora una amplia gama de ritmos, instrumentos y melodías en un género en constante evolución.

Con raíces ancestrales en África, el jazz floreció hasta transformarse en una fuerza dinámica en Estados Unidos a través del siglo XX. Y, con el paso de los años, ha tomado prestados elementos de las tradiciones musicales de todo el mundo, a la vez que ha influido en ellas y se ha mezclado con ellas.

En Jazz Around the World, la artista criada en Texas, Heather Rigdon, entrega una sofisticada interpretación de Young and Naïve que ha sido comparada con la música de Norah Jones y Diana Krall. La interpretación con sonido retro que realiza la cantante de Quebec Chantal Chamberland de La Mer (la predecesora francesa del clásico de Bobby Darin Beyond the Sea) suena familiar si bien original.

En Quiéreme Mucho, la cantante afincada en París Niuver (en la foto), combina la trova de su Cuba natal con el jazz y la bossa nova brasileña. El famoso trompetista sudafricano y maestro de la música de fusión Hugh Masekela ofrece una inspiradora interpretación de Open the Door, complementada por la hermosa voz de la cantante Malaika.

The Kora Jazz Trio y el maliense Kélétigui Diabaté, maestro del balafón (una marimba africana), entregan excepcionales adaptaciones de canciones clásicas. The Kora Jazz Trio ofrece una conmovedora versión del clásico cubano Chan Chan, en tanto que Diabaté (con Habib Koité) da un giro africano a Summertime, de George Gershwin. El álbum también presenta notables canciones del cantante de Camerún, Blick Bassy (en la foto), el baterista de jazz fusión Billy Cobham con Asere, la intérprete neozelandesa maorí Kataraina Pipi, el cuarteto multicultural de Guadalajara Sherele y el cantante franco/hispano/argelino Kad.

Jazz Around the World es la tercera colección de jazz de Putumayo Records, que complementa las exitosas producciones recientes Latin Jazz y Women of Jazz. Además, es la más reciente adición a la serie Around the World de Putumayo, que ha sido éxito de ventas e incluye Salsa Around the World (400.000 CDs vendidos), Reggae Around the World (300.000 CDs vendidos), Blues Around the World (125.000 CDs vendidos) y Tango Around the World (100.000 CDs vendidos).

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noviembre 21, 2009

Larry Jean Louis: un venezolano con éxito


Larry Jean Louis es un guitarrista nacido en Caracas, Venezuela, a mediados de los 60, de padres martiniqueños, empieza su contacto con las artes a muy temprana edad en su ciudad natal, siendo notable a simple vista su talento musical; poniéndose a la disposición del Conservatorio Superior de Música "José Ángel Lamas" en Caracas. Inicia así su educación musical resultando un alumno con sobrado margen de calificaciones y mucho entusiasmo por continuar profundizando en el conocimiento de la música, y descubriendo el idioma del jazz, de la mano de Lucho Cañizales, Álvaro Cordero y el Berkley School Of Music, Massachussets. EEUU, por mencionar algunas fuentes formativas.

Tras su dilatada trayectoria por diferentes géneros musicales, tales como blues, latín, pop, salsa, rock, reggae, funk, jazz, etc. Nos presenta su más reciente trabajo titulado Reaching the Promise, donde pone de manifiesto su gran pasión por el jazz, su capacidad de retomar sus raíces, la música latina en sus diversas manifestaciones y fusionarlas con los diferentes géneros musicales tales como el funk, el swing, la música brasileña, el rock, etc, y a su vez refleja su experiencia tras haber compartido diversos escenarios.

Con músicos de la talla de Brandford Marsalis, Danilo Perez, Dave Weckl, Jean-Luc Ponty, Tania María, Jessy Davis, Jorge Pardo, Polo Ortíz, Avishai Cohen, Silvano Monasterios, Stanley Jordan, Javier Massó, Andreas Prewitz, José Antonio Ramos, Otmaro Ruiz, Gerry Weil, Santy Roque, John Pattitucci, Jim Mullen, David Sánchez, Robbie Amenn, Rubén Rodríguez (de Seis del Solar), Pat Metheny, John Scofield, Joe Zawinul, etc. Su participación en eventos como Caracas Jazz Festival, Miami Jazz Festival, Canary Islands Festival International de Jazz, Belgrado International Jazz Festival y el Pretoria International Jazz Festival, en Sudáfrica.

En este caso, Reaching the Promise, es un trabajo muy bien definido dentro del género del jazz contemporáneo, con una fusión muy bien cuidada en los más mínimos detalles, tomando, sin proponérselo, vestigios de las diferentes experiencias musicales a las cuales se ha sometido a lo largo de su travesía por las diferentes corrientes y géneros musicales.

Producido y dirigido por él mismo, junto a músicos de renombre internacional, tales como Javier Massó, Kike Perdomo, José Carlos Machado, Julio Tejera, Mario Ferrer ´"Mayim", Alexis Canciano, Alfredo Llanos, Héctor Salazar, Jordie Arocha, José Antonio Ramos, Julio Pacheco, Elena Cabrera, Diego Massimíni, en Estudios Jesiisma.

Vamos a escucharlo con suy tema De Caracas a La Habana, de su álbum Reaching the Promise.


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Pianista venezolano imprime su sello latino

Este reportaje sobre el tecladista venezolano Otmaro Ruiz, fue publicado en agosto, 2009, en España, y enviado a VFJ gracias a los buenos oficios de nuestro colaborador Pedro Lares Hurtado. Les invitamos a leerlo.

Los Ángeles, 3 ago (EFE).- Otmaro Ruiz es un pianista, teclista y compositor venezolano cuya calidad y original ejecución le han permitido acompañar a grandes estrellas de la música internacional.

Su historia es un ejemplo de perseverancia para el logro de grandes metas y asegura que buena parte de su éxito ha sido "defender su esencia latina en medio de la diversidad". Desde las teclas del piano de Ruiz surgen ritmos tan versátiles como el rock, el jazz, el pop, la música brasilera, la salsa y tantos otros distintos en esencia, pero que tienen una característica en común: cuando él ejecuta cada uno, parece que exactamente ése se tratara de su especialidad.

Con casi 30 años de experiencia como músico profesional, Ruiz ha acompañado a artistas como John McLaughlin, Steve Winwood, Gino Vannelli, Dianne Reeves, Arturo Sandoval, Herb Alpert, Alex Acuña, Vicky Carr, Paquito D'Rivera, Paloma San Basilio y Ricardo Arjona, entre muchos otros.

"Yo llegué a Los Ángeles a la edad de 25 años, dejando en Venezuela una exitosa carrera y una compañía de producción y grabación de jingles para radio y televisión que me daba mucho dinero y satisfacciones, pero me vine porque como músico necesitaba otros retos, sentía que necesitaba seguir creciendo", dijo en entrevista con Efe el artista nacido en Caracas.

A su llegada, casi de inmediato, comenzó a formar parte de orquestas y agrupaciones latinas en Los Ángeles y luego realizó una maestría en Ejecución de Jazz en el Instituto de Arte de California, CALARTS, donde obtuvo su título en 1993.

"Al principio solo me llamaban para tocar en bandas y agrupaciones de música latina, pero yo necesitaba demostrar que podía incursionar también en otros géneros, por eso luché mucho y me preparé para hacer las audiciones y ser aceptado también en las agrupaciones que eran prácticamente exclusivas para los músicos anglosajones", relató Ruiz.

"Lo interesante es que, inclusive entre los anglosajones, quien hace jazz no conoce a quien hace rock, pop u otros ritmos y hoy puedo decir con mucha humildad que yo he logrado involucrarme plenamente en cada uno de esos competidos espacios musicales", agregó.

Ruiz suma a los innumerables conciertos y giras que ha realizado por todo el mundo acompañando a artistas estadounidenses, canadienses, europeos, asiáticos y latinoamericanos una buena cantidad de presentaciones personales donde entrega al público los temas incluidos en sus cinco producciones discográficas, de las cuales la más reciente, "Sojourn", salió al mercado a mediados de 2008.

Sus discos son una fusión variopinta de los ritmos que han influenciado al artista a los largo de sus 45 años de edad. "Yo pienso que no puedo escapar de ser lo que mi naturaleza es y mi naturaleza es una ensalada de 1.000 ingredientes musicales a los que he estado expuesto desde que estaba pequeño", explicó el venezolano quien comenzó a estudiar música a los 8 años de edad.

"Debo reconocer que cuando llegué a los Estados Unidos pensé que para poder incursionar en otros mercados musicales necesitaba parecerme más a los anglosajones y sucedió todo lo contrario", dijo.

"Descubrí que lo que hizo que me aceptaran fue mi propia aceptación de mi equipaje cultural, eso es precisamente lo que hace que yo toque el jazz, el rock o lo que sea de una forma diferente y es lo que le recomiendo a todos los hispanos que llegan a este país, buscar siempre la forma de ser mejores, la forma de superarse a sí mismos, pero honrando siempre su origen, su cultura e identidad", concluyó. EFE

Les invitamos disfrutar del video en vivo con la agrupación Straitjacket, en Ciudad de México, y el tema Anthropology.



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noviembre 15, 2009

Jerez-Texas: flamenco y jazz... extraordinario

Tres músicos de diversos bagajes (Ricardo Esteve a la guitarra flamenca, Matthieu Saglio al violonchelo, y Jesús Gimeno a la batería) se reunen en 2002 en Valencia, combinando los intereses y experiencias acumulados a lo largo de años de carrera: jazz, flamenco y música clásica, tamizados por el feeling mediterráneo de la tierra en la que nace este proyecto. Ellos son el núcleo duro de Jerez-Texas, una aleación hecha de flamenco, música clásica y jazz.

Desde entonces, a lo largo de sus encuentros, estos tres virtuosos se han rodeado de colaboradores. Guiado por una alquimia tanto humana como musical, el trío se ha vuelto una formación con geometría variable, ampliando su estilo inicial a un universo mucho más rico. Ahora, el cante flamenco de la cantaora/bailaora Isabel Julve se codea con los cantos folclóricos tradicionales de Josep Aparicio ‘Apa’, el wolof caluroso de Abdoulaye N’Diaye y la voz delicadamente jazzy de Ester Andújar. Poco a poco, las composiciones de Jerez-Texas han ido dibujando las riberas de un nuevo continente musical en el corazón del Mediterráneo.

En directo, el grupo impresiona por el entusiasmo y el estado de sorpresa permanente que provoca en cada concierto. La complicidad comunicativa que los músicos comparten con el público transforma sus presentaciones en momentos de intensa emoción: sabia pero siempre accesible, técnica pero sensual, la música de Jerez-Texas habla a los aficionados en busca de nuevas emociones sonoras tanto como a los simples melómanos.

La banda acaba de lanzar al mercado el álbum Sun. Disfruten del video con el tema del mismo nombre.




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noviembre 12, 2009

B.B. King salta otra vez al ruedo

El legendario cantante y guitarrista de blues  B.B. King regresó a los escenarios desde el pasado 10 de noviembre, en una gira por EEUU que inició con una presentación en Portland, Oregón. King ha logrado ubicarse en el máximo sitial de la música a sus 84 años de edad y está considerado como la mayor figura del blues en la actualidad. Su carrera musical se extiende por más de 60 años, lo que le ha hecho merecedor de 14 premios Grammy. Su último álbum, One Kind Favour, publicado el año pasado, llegó a los primeros lugares de la cartelera musical estadounidense. King tiene programados 33 conciertos en los próximos 4 meses. Habrá que aprovechar esta nueva salida a los escenarios del Rey del Blues.



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noviembre 08, 2009

El jazz de Cortázar grita en blanco y negro

José Muñoz, creador junto a Sampayo de Alack Sinner, convierte en imágenes el relato El perseguidor del escritor argentino.

Después de 50 años dibujando la maldad sin guantes reconoce estar harto, que ha llegado a "un cansancio eterno por la estupidez perenne de nuestra especie". Ha frecuentado demasiado cerca lo que él llama la llaga que no cicatriza. Cuando creó, junto con Sampayo, el personaje Alack Sinner todavía no latía la epidemia de la novela negra, que encontró en la literatura un mecanismo de denuncia. "Estoy cansado de decir la verdad, quiero mentir", dice José Muñoz, uno de los grandes dibujantes de la historia del tebeo (como él prefiere llamar), en su paso por Madrid hace unos días en las conferencias de Avantcómic en La Casa Encendida.

El camino que han elegido Sampayo y Muñoz para escapar de la maldad persistente que habita el género negro es el de la música. En estos momentos están metidos en la vida de Carlos Gardel, y Muñoz acaba de publicar en España El perseguidor, de Julio Cortázar, en la editorial Libros del Zorro Rojo, un relato en el que el jazz envuelve la trama. Sin embargo, hay algo de lo que no se ha separado en esta fuga: el blanco y negro. Sólo ha invertido la prioridad: si con Alack Sinner dice que ensuciaba con el negro para retratar las sombras cortantes de la ciudad de Nueva York asediada por el peligro "así dábamos nuestra versión del cine negro", explica, con El perseguidor el blanco manda.

Insiste y aclara la relación de obsesión con estos dos colores primarios: en estos momentos prefiere trabajar con el blanco una vez ha trabajado la tinta negra. "Entinto groseramente y luego perfilo con el blanco. Soy un pintor de blanco sobre los errores negros. Cuando pongo blanco siento que limpio y doy luz", cuenta y recalca que este trabajo suyo es un "gran juego autista". La memoria le lleva a sus maestros. Uno de ellos le decía que si un dibujante comete un error con la tinta y lo corrige con la témpera ya no es un buen dibujante. Trató de enseñarle que la habilidad era lo primero, "hoy digo que si la frescura no te da resultado, dale con la témpera", ríe. No sería ni Alberto Breccia, del que aprendió lo mejor en su Argentina natal, ni Hugo Pratt, del que sigue aprendiendo.

Así que sigue fatigando los originales, esta vez con una y otra capa del blanco sobre el negro, y utiliza toda esa negrura para recrear las oscuridades del mundo del jazz, para utilizar el negro excitante de los cuerpos que brillan con el sudor, el baile, la agitación, el deseo lejos de las corruptelas políticas. ¿Haría José Muñoz un tebeo sobre Berlusconi? "Berlusconi es un mal tebeo, una historieta mala. No dibujaría nada sobre él".

Peio H. Riaño - Madrid - 02/11/2009

Público.es

Disfruten de este video, donde Cortázar lee un pequeño fragmento de su cuento El perseguidor. La música de fondo es el tema: Out Of Nowhere, con Charlie Parker.


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Jimmy Cobb, el único sobreviviente de "Kind of Blue"

Cincuenta años después, a Jimmy Cobb le sigue pareciendo increíble haber grabado en 1959 en Nueva York con Miles Davis "Kind of Blue", considerado el mejor álbum de jazz de todos los tiempos, cuyo aniversario celebra con una gira mundial.

"Nadie podía imaginar que 50 años después, aun seguiría de actualidad", confió el batería estadounidense respecto a este disco, el más vendido de la historia del jazz, del que miles de copias siguen saliendo todavía hoy de las tiendas de discos cada semana.

Cobb, en plena forma a sus 80 años, es el único superviviente del legendario grupo de músicos estadounidenses reunidos en la primavera de 1959 por el trompetista Miles Davis en los estudios de la Columbia Records en Manhattan.

De gira mundial para celebrar este aniversario, habló sobre esa grabación que fue particularmente rápida y fácil en dos sesiones. "Miles llegó con sólo algunas ideas en un papel. Tuvimos que trabajar para crear todo a partir de ese poco, pero fue fácil", subrayó Cobb.

El trompetista estadounidense, famoso ya a sus 32 años, había logrado reunir en la antigua iglesia donde se instaló la Columbia, en la calle 30, a algunos de los mejores genios del jazz. Además de Cobb, había dos saxofonistas, John Coltrane y Julian "Cannonball" Adderley; dos pianistas, Bill Evans y Wynton Kelly, y el bajo Paul Chambers.

Una única grabación fue suficiente para la mayor parte de los temas, entre ellos los famosos "So What" y "Flamenco Sketches": "Miles pensaba que el primer toque era siempre el mejor". Resultado: una música envolvente, uno de los primeros ejemplos de jazz "modal", que permitió una mayor libertad melódica.

Y una grabación que la revista Rolling Stone colocó este año en el puesto número 12 de los 500 discos más vendidos de todos los tiempos y de todos los estilos de música. Aunque no lo parecía al principio. "Nunca lo pensamos (que tendría tal éxito). Simplemente era otra gran grabación de Miles Davis en la que todo el mundo había tocado bien", recuerda Cobb.

Empezaron a entender que se trataba de "algo especial" al constatar que el disco seguía vendiéndose bien un año después de publicación en agosto de 1959, fenómeno bastante raro en el jazz. "Si Miles hubiera tenido la más mínima idea de lo que estaba ocurriendo, habría reclamado un montón de dinero y cuatro Ferrari en la puerta del estudio", bromea Cobb.

La música elegante y fácil de escuchar de "Kind of Blue" cortaba con melodías más "populares" y menos sutiles de la época, considera el batería, cuya pieza preferida es "Freddie Freeloader". Cobb, que había acompañado a las cantantes Billie Holliday y Dinah Washington, tocaba desde hacía poco con Miles Davis (1926-1991), a quien dejó pocos años después para formar su propio trío con Chambers y Kelly.

Su gira europea de aniversario con nueve músicos, entre ellos el trompetista Wallace Roney, está teniendo un gran éxito y llenó la sala el viernes durante un concierto del Festival de Jazz de Madrid. "Está yendo muy bien, las salas están llenas, nos aplauden mucho, no pensaba que esto pudiera ocurrirles todavía a unos músicos de jazz", subraya Cobb, dispuesta a celebrar todavía durante mucho tiempo el recuerdo de "Kind of Blue".

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noviembre 03, 2009

Thelonious Monk, en su retiro


Desde la ventana de la habitación que abandonó muy pocas veces en los últimos años de su vida Thelonious Monk veía el río Hudson y el perfil entrecortado de Manhattan. Cada mañana se vestía escrupulo-samente con sus trajes bien cor-tados, sus grandes zapatos, sus calcetines y sus corbatas a juego, como si tuviera que acudir a alguna cita en la ciudad, y a continuación se tendía en la cama, y se pasaba el día mirando el techo, o se incorporaba sobre los almohadones doblados para mirar la televisión. Su programa favorito era la versión americana de El Precio Justo. El pianista Barry Harris, que vivía en la misma casa, y que ensayaba en una sala próxima, se asomaba a veces a la habitación de Monk y al verlo inmóvil y formal encima de la cama pensaba que parecía un muerto en su ataúd. La casa estaba en Nueva Jersey y había pertenecido al director de cine Joseph von Sternberg. Su dueña era ahora la baronesa Pannonica de Koenigwarter, que llevaba años dedicando su vida y su fortuna a proteger a músicos de jazz, y que en 1955, en su apartamento del hotel Stanhope de Nueva York, había acogido a Charlie Parker, enfermo y desahuciado. Mientras la baronesa Pannonica le preparaba algo de cena o una bebida Parker estaba en el sofá mirando un programa cómico que le gustaba mucho. Se le paró el corazón en medio de un ataque de risa.

Ahora Pannonica o Nica vivía retirada en Nueva Jersey en compañía de sesenta gatos y desde 1976 tenía como huésped a Monk, que llevaba todo ese tiempo sin tocar el piano, sin hacer nada, sólo levantarse cada mañana y vestirse y volver a tenderse en la cama recién hecha para mirar al techo o volver los ojos hacia la ventana en la que se recortaba cada día la silueta azulada o diluida en la niebla de la ciudad en la que había crecido y pasado la mayor parte de su vida, y a la que no iba a volver, teniéndola tan cerca. Le gustaba a veces dejar la puerta entornada para escuchar a Barry Harris tocando el piano. También se daba algún paseo por el bosque cercano a la casa. Cuesta imaginar a Thelonious Monk caminando por un sendero en un bosque, grande y solo, incongruente con su traje de ciudad y su falta de costumbre de frecuentar la naturaleza, alguien crecido en las calles peligrosas del West Side de Manhattan, aclimatado muy pronto a la tiniebla de los clubes, los callejones, las esquinas nocturnas. Caminaría con una torpeza urbana agravada por la enfermedad, con algo de sonambulismo, con la mirada ausente y la expresión ensimismada, atento tal vez a los rumores del viento en las hojas y a los cantos de los pájaros, él que había tenido desde niño un oído tan sutil para la música, y que ahora parecía haber dejado de necesitarla. Cómo sería ir por uno de aquellos senderos y encontrar de pronto a Thelonious Monk, con su mirada fija y bovina, quizás con un sombrero o un gorro estrambótico, si es que no había prescindido también de esa costumbre, la de coronar su figura con un tocado en el que siempre había algo de pagoda o de bonete o solideo de alguna orden monacal, de un sacerdocio absurdo que él hubiera adoptado con la misma seriedad con que Buster Keaton se empeñaba en sus tareas imposibles.

Algo de imposible hubo siempre en la música de Monk, una cualidad tortuosa y chocante que durante muchos años desconcertó a quienes la escuchaban y que todavía mantiene el filo de su novedad. La pulsación de una sola nota basta para identificarlo. Delicadeza y disonancia se superponen provocando ondulaciones sonoras que duran en los espacios de silencio. Con cuatro o cinco notas ya se ha establecido una melodía que tiene una parte de dulzura y otra de burla y de tentativa en el vacío. Cuando Monk era un adolescente pasó dos años acompañando al piano a una predicadora evangelista ambulante, una de aquellas iluminadas que daban sus sermones en graneros o en pobres salones de alquiler en los pueblos segregados del Sur y enardecían a los fieles con el fuego de una oratoria bíblica que se convertía sin transición en canto africano de llamada y respuesta. El joven Monk acompañaría los himnos tocando harmonios o pianos viejos sin afinar a los que les faltaban teclas y observaba de cerca la perduración de los ritmos y las melopeas clamorosas venidas de África, mezcladas con la herencia musical europea en una aleación que era el río originario del negro spiritual, el blues y el jazz. Años después, cuando ya era un músico conocido, sus estridencias y sus invenciones sonoras no se alejaron nunca del tronco de los blues, y sus lentas danzas de oso sobre el escenario mientras los otros seguían tocando tenían algo de ritual antiguo y posesión, como de trance de iglesia baptista.

Otros se extenúan en vano queriendo lograr a base de aspavientos y de imposturas algún simulacro de originalidad. Thelonious Monk no se pareció nunca a nadie. Creció en la digna pobreza de la clase trabajadora negra que emigraba desde el Sur agrario, atrasado y racista a las capitales industriales del Norte y siguió siendo pobre, con periodos cortos de relativo bienestar, hasta el final de su vida. En un pequeño club de Harlem, Minton's Playhouse, en los primeros años cuarenta, empezó a tocar como no lo había hecho nunca nadie, pero el crédito por la gran transformación del jazz que tardó mucho todavía en llamarse bebop se lo llevaron sobre todo Charlie Parker y Dizzy Gillespie, mientras él permanecía en la pobreza y en la sombra. Parker y Gillespie lo trastornaron todo acelerando al máximo la velocidad y exagerando el virtuosismo: Monk prefirió la apariencia de sencillez, las lentitudes contemplativas. Inventó una música en la que otros brillaban más que él y una estética personal que se convirtió en moda: la boina, las gafas de sol en plena noche, la perilla de cabra. Jugaba al tenis con la misma destreza desconcertante y versátil con que tocaba el piano y cuando tenía algo de dinero preparaba cazuelas de espaguetis con albóndigas. A las personas que quería -su primer amor, Ruby, su mujer, Nelly, su hijo Toot, su hija Bo Bo- les dedicó pequeñas baladas llenas de una ternura como de canciones de cuna, hechas con un arte tan meticuloso, tan liviano, como acuarelas de Paul Klee.

Robin D. G. Kelly le ha dedicado ahora una extraordinaria biografía, Thelonious Monk, The Life and Times of an American Original. La mejor manera de leerla es escuchando de fondo los discos de Monk, sintiendo en cada nota del piano, como en una sesión de espiritismo, una presencia que el paso de los años no desdibuja. Pero cuando acaba la música y uno cierra el libro la presencia no cesa. El silencio también tiene que ver con Thelonious Monk, que eligió recluirse en él al final de su vida, estragado por la enfermedad y el agotamiento: un silencio que según él decía es el ruido más estruendoso que existe en el mundo.

ANTONIO MUÑOZ MOLINA / 24/10/2009
Thelonious Monk, The Life and Times of an American Original. Robin D. G. Kelly. Free Press, 2009. 608 páginas.

Blog creado por Hugo Santaromita, comentarista y escritor venezolano de jazz.

Es Dios

"Esa lengua de fuego se abría despiadada, como urdiendo en el alma y buscando donde cabalgar. Resoplaba fuerte, escrutaba el ojo, mordía la mente y ondeaba su calor, como haciéndonos sentir que somos una miniatura, una milmilésima parte del universo. Esa lengua de fuego, creación al fin, es lo mismo que la hoja, que la piedra, que el agua, que el ave, que la hierba. Es Dios".

La compuerta de la vida

"A veces, casi inerme, entrebusco la fórmula de la vida, y encuentro una melodía que me exige respirar, profundo, restituyéndome la fe en el futuro. Sólo Dios abre la compuerta de la vida, y la música es el compás de espera a la perfección, el estadío más emocionante del ser humano".

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